EDITORIAL DE CAMINO…CONCLUYO EL MES DE LA FAMILIA

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Concluyó el Mes de la Familia, pero el trabajo por el forta­lecimiento de este núcleo esencial de la sociedad no conoce fechas, ni calendario. Es permanente, y más cuando tenemos una sociedad enferma con síntomas cada vez más graves.
Ahí tenemos los casos de los feminicidios que nos llenan de espanto. Los hechos ocurridos son aterradores. El desprecio que tienen algunos hombres por la vida de las mujeres nos llena de horror. Así no podemos continuar. La sociedad dominicana tiene que despertar. La indi­fe­­rencia ante esta realidad es lo peor que nos puede pasar.
No perdamos un segundo más para buscar los correctivos necesarios que detengan esta barbarie. Comencemos desde el hogar, fomentando de una cultura de diálogo y respeto hacia los demás. Desterremos esa concepción errónea de pensar que el hombre es el dueño de la mujer, y que la puede utilizar a su antojo como si ella fuera un objeto, pensamiento que es alimentado por tantas canciones que suenan en la radio, televisión y las redes sociales.
Muchos medios de comunicación se han convertido en los promotores de esta pornografía musical, haciendo de ella ídolos que lamentablemente encuentran seguidores, sobre todo en la población más joven.
A los que siembran el terror y la desolación matando a sus compañeras hay que aplicarles la ley; y con aquellos que han dado signos evidentes de maltratos hacia ellas, no llegar a ningún acuerdo que lue­go es utilizado para consumar el crimen que anidan en su mente perversa y violenta. Los criminales tienen que ir a la cárcel.
Algunos fiscales y jueces tienen una cuota de responsabilidad en los asesinatos de mujeres que han ocurrido en los últimos meses. El tratamiento que han dado a los agresores ha sido benévolo, y hoy vemos las tristes consecuencias.
Llegó la hora de frenar estos hechos violentos que nos llenan de vergüenza, y nos presentan ante el mundo como un pueblo trastornado y sin el menor respeto por la vida.

Recordemos que nacimos para ser feliz y no para vivir en un eterno calvario.–