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POR Lincoln López

Azul” fue su primer gran libro publicado en 1888 cuando  el “Príncipe de las Letras Castellanas” contaba con apenas 21 años. Nacido poeta entre los volcanes y los exuberantes verdores tropicales  americanos y los añiles soñadores del Pacífico; fue apasionado y creativo  como las olas ardientes del Caribe utópico.
“Mar armonioso.
Mar maravilloso,
tu salada fragancia,
tus colores y músicas sonoras
me dan la sensación divina de mi infancia”.
(MARINA)

Sus colegas lo proclamaron como padre del modernismo “por sus imágenes exóticas, metáforas, símbolos y figuras retóricas”. El escritor R. González Echevarría afirma que “en la poesía española hay un antes y un después de Rubén Darío”… “Fue el líder de una revolución literaria que se expandió a lo largo del mundo hispanohablante y transformó todos los géneros literarios…Su dimensión no ha sido superada”. Había en su poesía una forma refinada y elevada, con presencia de elementos decorativos, y, muy particularmente, “por su musicalidad poética”.

“La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor”.

(SONATINA)

El poeta tuvo una relación de amistad con colegas dominicanos como Fabio Fiallo, Tulio Manuel Cestero, Ricardo Pérez Alfonseca, Max Henríquez Ureña, Osvaldo Bazil, entre otros.  Bazil que fue el que más compartió con Darío, y escribió la “Biografía de Rubén Darío”, relató que el vate nicaragüense padecía del “Síndrome de Stendhal” cuando al asistir juntos una noche al teatro “Novedades” de Barcelona para oír y ver bailar a la célebre Pastora Imperio, por emoción estética empezó a llorar teniendo que abandonar la sala para respirar el aire fresco de la calle. Esto es propio en los artistas innatos.

“Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.”
(LO FATAL)

Nació en Metapa, Nicaragua, que hoy lleva el nombre de Ciudad Darío, el 18 de enero de 1867. Poeta, escritor y periodista. Viajó por Europa y América, representando a su país, como cónsul y embajador. En 1907 fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid.      En 1915 regresó a Nicaragua, a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial y falleció en León el 6 de febrero de 1916.

Entre su vasta obra literaria figuran: “Abrojos”, “Canto épico a las glorias de Chile”, “Rimas”, “Prosas profanas y otros poemas”, “Peregrinaciones”, “Cantos de vida y esperanza”, “El canto errante”, “La isla de oro”…  Su obra es un arco iris temático. Se destaca el poeta cívico, exaltando a héroes y hechos nacionales, y por lo tanto, en una actitud crítica por tal o cual realidad socio-política.

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
La espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.
(LA MARCHA TRIUNFAL)

El mundo de la poesía universal conmemora el centenario de su muerte…y su eternidad.