Rectora de la UASD quita incentivos y congela la nómina

Ante la precaria situación financiera por la que atraviesa la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la rectora Emma Polanco anunció  la eliminación de los pagos por concepto de enlaces, incentivos administrativos y sobresueldos, así como la congelación de la nómina.

Mediante la circular 021, Polanco explica que el déficit mensual de la academia supera los RD$54 millones y que la acción se enmarca dentro de las resoluciones aprobadas por el Consejo Universitario el pasado miércoles, que abarcan la solicitud de una auditoría financiera y otra de personal a la Cámara de Cuentas.

La medida se produce tres días después de la juramentación de Polanco, en cuya investidura acusó a las pasadas autoridades, encabezadas por Iván Grullón Fernández, de no manejarse con la debida transparencia en el uso de los recursos y de actuar con improvisación y de espaldas a la institucionalidad.

Durante la primera sesión ordinaria del máximo órgano de dirección de la academia y a petición de la catedrática, se aprobó la congelación de la nómina durante los próximos seis meses y hacer una revisión de las acciones de personal realizadas en la pasada gestión, dejando sin efecto todas aquellas que se hayan hecho al margen o sin el aval de los reglamentos.

El Consejo, que se declaró en sesión permanente, también aprobó suprimir o fusionar los cargos duplicados, la reclasificación o creación de plazas y puestos puntuales, ejecutar las promociones del personal conforme a los reglamentos y cumplir con la disposición que establece que la carrera académica y la administrativa son independientes y se ingresa a ellas a través de concursos de oposición.

Asimismo, se suspendió transitoriamente la contratación de personal con cargos a los fondos de cuentas especializadas y se decidió reactivar el Programa Silencio, Orden y Limpieza (SOL) y otorgar mandato a la rectora a gestionar y presentar cartas de intención para la firma de convenios y acuerdos con instituciones nacionales y extranjeras.

POR MARIA MOREL