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POR RAMON DE LUNA

A muchos les parecerá imposible, pero esta es la realidad: la historia vuelve a repetirse.
Muchos puertorriqueños están huyendo despavoridos de su hermosa isla, acosados por la calamidad económica que sobre ella está ocurriendo. Es decir, se vuelve a producir aquel éxodo de boricuas que ocurrió a raíz de la ocupación de la isla que hizo Estados Unidos, allá por el 1898, lo que se produjo con el boom de la caña en el Este de nuestro país.
En esa región oriental llegaron entonces familias enteras provenientes de Borinquen y se quedaron para siempre aquí. San P. de Macorís, el Seybo, Hato Mayor, La Romana y en muchos de los campos de esas provincias se encuentran miles de ellas.
Dos cosas curiosas se han dado. Aquel desplazamiento de puertorriqueños
a principio del Siglo Veinte y lo que ha ocurrido durante 50 años de dominicanos huyendo de aquí en busca de mejorar sus vidas, pero ahora mismo, junto a boricuas
que se están mudando para acá, están llegando dominicanos que se fueron hace años para Borinquen, huyendo en estampida para esta, su Patria.
Puerto Rico, desgraciadamente, atraviesa en la actualidad por una situación crítica, al deber y no poder saldar sus deudas, estimadas en más de Setenta mil millones de dólares y con los cobradores atosigando a su gobierno para que les paguen de inmediato.
El gobierno norteamericano, hasta ahora, parece no estar dispuesto a tenderle su mano a la isla, en donde ocupan desde aquel año ya mencionado las Aduanas. Los gringos hicieron grandes inversiones, tratando de mostrar la isla de Puerto Rico como una “tacita de plata”, pero de la cual sacaron enormes beneficios, como fue la instalación de numerosas bases militares, como la de Ceiba, donde ubicaron una con naves artilladas con bombas y cohetes atómicos, así, como armas sofisticadas que dañaron el Medio Ambiente de Isla Culebra.
No obstante denominar a Borinquen con el rimbombante nombre de Estado Libre Asociado (ELA), Puerto Rico no tiene el alcance de los Estados Federados de la Unión, a quienes en estado de quiebra, Washington les tiende la mano y los socorre en casos así.
Siempre nos causó risa que los boricuas bautizaran a los dominicanos que se iban de aquí para allá como “los mojaítos”, por aquello de que se arriesgaban en hacer el viaje en débiles yolas, cuando ellos también fueron “mojaítos” cuando venían para Dominicana a principio del Siglo Veinte.
Ojalá los hermanos puertorriqueños puedan solventar la situación económica que los mantiene al borde de la desesperación, caso que debe servir de ejemplo a las naciones del área -inclusive la nuestra- que incrementan graciosamente sus deudas públicas, sin pensar que al final de los plazos tendremos que pagar.